El estreno de Leandro Paredes en la Copa Libertadores tuvo todos los condimentos que definen su estilo: carácter, liderazgo y jerarquía. Desde el arranque se mostró activo, incluso metiéndose en un cruce caliente en los primeros minutos que le valió una amonestación. Pero lo más determinante llegó poco después, cuando sacó a relucir toda su calidad.

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Apenas superado el primer cuarto de hora, el mediocampista tomó la pelota en tres cuartos, avanzó sin dudar y sacó un derechazo preciso que se metió contra un palo para poner el 1-0 de Boca Juniors en territorio chileno. Un gol de esos que no solo abren partidos, sino que también marcan presencia.

El tanto tuvo un valor especial: fue su primer gol en jugada desde su regreso al club y, además, su debut absoluto en la Libertadores como protagonista dentro del campo, tras haber tenido participaciones muy limitadas en la edición 2013 bajo la conducción de Carlos Bianchi.

La acción se gestó por la derecha, con Marcelo Weigandt proyectándose por la banda. El lateral asistió a Adam Bareiro, quien fue derribado en el área en una jugada que generó reclamos de penal. Sin embargo, el rebote le quedó a Paredes, que no dudó: avanzó unos metros y sacó un remate bajo, cruzado e inatajable para el arquero rival.

La jugada avanzaba por la derecha del ataque xeneize, con Weigandt bien pegado a la línea lateral.

Después llegó el festejo, con besos al escudo y una celebración que empieza a transformarse en sello del equipo: junto a Miguel Merentiel y Bareiro, el capitán se sentó en el césped simulando una partida de truco, en una escena que mezcla identidad futbolera y cultura bien argentina.

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Liderazgo y contexto: más que un gol

Más allá del tanto, la actuación de Paredes dejó en claro por qué es el eje del equipo. Ordenó, pidió la pelota y manejó los tiempos con la naturalidad de quien entiende el juego y el peso de la camiseta.

Incluso, a los 34 minutos, volvió a demostrar su visión con un pase milimétrico por encima de la defensa que dejó a Santiago Ascacíbar de cara al gol. La jugada terminó con una gran intervención del arquero, pero reflejó nuevamente su influencia.

En clave más amplia, su rendimiento ilusiona a Boca en una competencia que históricamente exige carácter y jerarquía. Con un capitán que combina experiencia europea con ADN xeneize, el equipo parece encontrar un conductor a la altura del desafío continental.